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Vitamina D: Claves para evitar su déficit sin poner en riesgo la piel

Lo llamativo de esto es que el 90% de esta vitamina la sintetizamos a través de los rayos solares –el 10% restante se obtiene a través de la alimentación– y, siendo España el país del sol, los niveles aquí son semejantes (o incluso inferiores) a los descritos en Europa central o escandinavia pese a esa teórica ventaja climatológica.

Esta aparente paradoja se ha tratado de explicar por una suma de circunstancias, como argumenta Javier Aranceta, presidente del Comité Científico de la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria (SENC): «El 80% de la población no cubre las ingestas mínimas recomendadas de vitamina D porque se ha ido reduciendo el consumo de los alimentos con esta vitamina por su componente graso y, con ello, su aporte a la dieta. Respecto a la vía solar, entre las cremas protectoras actuales, (que son muy eficaces e impiden penetrar los rayos) y que hacemos menos vida al aire libre limitamos nuestra exposición».

 

¿Por qué es Importante?

La importancia de la vitamina D radica en varias cuestiones: por una parte, ayuda al cuerpo a absorber el calcio (principal componente de los huesos), pero también juega un papel importante en los sistemas nervioso, muscular e inmunitario. Y su déficit se asocia con un mayor riesgo de sufrir diversas enfermedades como osteoporosis o deterioro cognitivo, e incluso se ha visto que hay una menor prevalencia de padecer determinados tipos de cáncer en personas con los niveles elevados de esta vitamina.

La solución a esta situación de déficit generalizado parece obvia, a priori, si pensamos que el sol es la principal fuente natural de vitamina D. El dilema surge ante los potenciales problemas derivados de una sobre exposición y el consiguiente riesgo de desarrollar algún tipo de lesión en la piel. Por ello, el reto que se les plantea a los especialistas (fundamentalmente dermatólogos y nutricionistas) es el de intentar llegar a algún tipo de «acuerdo» para lograr un equilibrio en el que sea posible beneficiarse de todo lo bueno de la exposición solar y evitando lo malo.

«Con 15 minutos de exposición solar diarios en jóvenes cubriríamos la necesidad de vitamina D», asegura Aranceta. «Lo ideal es tomar el sol entre 5-10 minutos entre las 10 y las 12 todos los días como hábito o, al menos, la mitad de ellos. Esta sería la forma saludable para evitar el déficit de vitamina D para mantener unos niveles óptimos. Pero no vale no tomarlo durante meses y luego pegarse un “atracón de sol” en verano porque su efecto positivo no es acumulativo», coincide Antonio Martorell, del servicio de Dermatología del Hospital de Manises, de Valencia, y miembro de la Asociación Española de Dermatología y Venereología (AEDV). Sin embargo, entiende que cuando los niveles de vitamina están «por debajo de los recomendados deben ser corregidos a través de suplementos alimentarios y no mediante la toma del sol, para evitar su efecto carcinogénico».

También hay que tener en cuenta que la edad influye en la síntesis de vitamina D ya que, con los años, se produce una disminución de la capacidad de producirla, teniendo los adultos de mediana edad un 66% de potencial en comparación con los niños. «Para las personas mayores de 70 años, que tienen además la piel más castigada, lo ideal serían 10 minutos diarios. A partir de los 15 minutos la piel no es capaz de producir más vitamina D, por lo que aumentar la exposición no sirve de nada».

Para aportar luz en esta controversia el Grupo de Investigación en Radiación Solar de la Universidad Politécnica de Valencia (UPV) ha realizado un estudio cuyo objetivo era estimar el tiempo necesario de exposición para obtener las dosis recomendadas de vitamina D sin que ello dañe nuestra salud. Para realizar su investigación estimaron el tiempo necesario para obtener las dosis recomendadas –una ingesta diaria de mil unidades internacionales de vitamina D– en una zona como la ciudad de Valencia, que recibe una gran dosis de radiación ultravioleta (UV) durante todo el año.

El estudio analizó la irradiancia solar UV entre las 12:30 a 13:30h durante cuatro meses (uno por estación) de 2003 a 2010. A partir de estas cifras, se calculó el tiempo para producir eritemas (el enrojecimiento de la piel causado por quemaduras) en individuos con fototipo de piel III, la usual en la población española.

Y, contra todo pronóstico, los resultados de la investigación demostraron que, aunque existe suficiente radiación para lograr niveles adecuados de vitamina D en países como España, es difícil alcanzar las dosis recomendadas en invierno en una latitud media norte, ya que el tiempo necesario de exposición resulta excesivo (130 minutos).

«En este trabajo se ha mostrado que en invierno para latitudes medias como Valencia hay suficiente radiación UV para producir vitamina D y estos resultados están en concordancia con otros autores. Sin embargo, esto no es realista, ya que es difícil obtener la dosis diaria recomendada de noviembre a febrero, puesto que la exposición casual es insuficiente y un bajo porcentaje de nuestro cuerpo está expuesto al sol dadas las bajas temperaturas –explica María Antonia Serrano, científica de la UPV y autora principal de la investigación–. En estos meses, con un 10% de exposición corporal, durante el mediodía solar se necesitarían dos horas de exposición para obtener una dosis óptima de esta vitamina» continúa.

De todos modos, asegura la experta, «hay una alternativa a la suplementación oral, y es alcanzar niveles más altos a final de verano de vitamina D pero sin aumentar el riesgo de cáncer de piel, pero serían necesarios más estudios en este campo». Con todo, Serrano espera que estos resultados puedan ayudar en el conocimiento de la dosis exactas de vitamina obtenida de la exposición a los rayos solares y la adopción de medidas apropiadas, tales como informar al colectivo médico sobre la conveniencia de aumentar su ingesta a través de la dieta o suplementos, entre otras actuaciones.

Consenso

Entre esas medidas estaría la elaboración de un consenso, una iniciativa que estarían impulsando desde la SENC con expertos de diferentes áreas. «Habría que ver si hay algún punto de encuentro en que se pueda recomendar la exposición al sol en algún momento concreto. Lo que no se puede hacer es banalizar por eso hay que calibrar muy bien los pros y los contras antes de llegar a una conclusión. Sería interesante llegar a alguna fórmula, buscar un equilibrio», asegura el doctor Aranceta.

Por su parte Martorell, aunque reconoce no haber tenido «ningún acercamiento con los nutricionistas, nos resulta muy interesante la idea de crear una guía saludable al respecto en la que se aborden la parte alimenticia y la de la exposición solar, pero teniendo en cuenta que el sol debería ser un apoyo, no puede ser el caballo de batalla contra el déficit. Está claro que el futuro pasa por la prevención primaria».

Fuente : La Razón

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